ÉPOCA DE LA CONQUISTA
LA LLEGADA DEL CRISTIANISMO A NUESTRO CONTINENTE


Resulta conveniente comenzar señalando que el siglo XVI no sólo fue una época memorable para Europa, también lo fue para América Latina, y esto por dos razones fundamentales:

En primer lugar, debido a que fue entre finales del siglo XV y principios del XVI cuando se llevó a cabo la Conquista de América por parte de los españoles y portugueses.

Al respecto, existe una coincidencia histórica entre las realidades de Europa y América Latina del siglo XVI que no se deben olvidar, ya que según Jean - Pierre Bastian, «la Reforma y la Conquista son contemporáneos a tal grado que cuando los apóstoles de la Nueva España desembarcaron en San Juan de Ullua (1524), Lutero acababa de comparecer ante la Dieta de Worms frente al Emperador Carlos V…» (BASTIAN, 1983, p. 13).

Y en segundo lugar, debido a que la experiencia de la Conquista marcó consigo la llegada del cristianismo a América Latina a través de los conquistadores españoles. En ese sentido, resulta curioso destacar cómo hace cinco siglos, mientras acontece la Reforma en Europa, se produce también la llegada de la fe cristiana a nuestro continente, incorporándose con eso América Latina a la historia del cristianismo. El cristianismo que nos llegó desde Europa en el siglo XVI fue concretamente en su versión católico- romana.1

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Ahora bien, la llegada de los europeos (españoles y portugueses) a territorio americano marcó también el encuentro de dos mundos distintos que se vieron enfrentados. Por un lado, estuvieron aquellas culturas indígenas nativas (de tiempos precolombinos), sumergidas en su mundo religioso propio (religiosidad indígena pre-cristiana).2 Y por el otro, la cultura española, recién acabada de constituirse como nación y consolidada luego como un poderoso imperio.3 Las guerras desencadenadas entre ambos llevaron a muchos grupos indígenas al borde de la extinción. Los que lograron sobrevivir, sufrieron el colonialismo cultural de la civilización occidental europea por un largo periodo.


ÉPOCA DE LA COLONIA
LA CRISTIANDAD CATÓLICA ESTABLECIDA EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA


A lo largo de todo el período colonial la Iglesia Católico Romana se estableció en el contexto latinoamericano sin sufrir serios desafíos (como los que estaba viviendo en Europa con la Reforma protestante), ostentando el control exclusivo de la religión pública. Estratégicamente, logró integrar de manera sincrética las prácticas cúlticas de los indígenas locales al ritual católico e incorporarse en las estructuras de la administración colonial española y portuguesa, convirtiéndose así la hegemonía católica en un hecho cultural prevaleciente.4

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Catedral Metropolitana de la Ciudad de México
Comenzaron su obra en 1573 poco después de la conquista española.

De ese modo, la cristianización del continente se constituyó en un gran proyecto realizado con la poderosa asociación de la Iglesia y el Estado, concebida siempre como una extensión del «modelo» de Cristiandad Ibérica, de exclusividad católica. Teniendo en cuenta estos aspectos se puede comprender cómo llegaron a pasar tres siglos entre el comienzo de la evangelización católica romana y la introducción del protestantismo en estas tierras. Ahora bien, fuera de ciertos casos, como lo son las islas del Caribe, la penetración protestante no comenzó sino hasta el primer tercio del siglo XIX (DEIROS, 1997, pp. 15-16).5 En América Latina lo que florecerá y marcará el derrotero a lo largo de este periodo no es la Reforma Protestante sino la Contra-reforma Católica Española.


ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA
EL INGRESO DEL PROTESTANTISMO EN AMÉRICA LATINA


Para comprender la presencia actual del protestantismo en el contexto latinoamericano conviene precisar primero cuáles fueron las condiciones socio-políticas que hicieron posible su llegada y establecimiento.

Básicamente, se puede decir que el siglo XIX se caracterizó por ser una época de grandes cambios que habrían de afectar la historia, tanto para América Latina como para el resto del mundo. En el campo de la vida social y política, el principal de estos cambios fue la independencia de las nuevas naciones americanas. Y en el campo religioso, el más notable acontecimiento fue la introducción del protestantismo (GONZÁLEZ, 1970, p. 333). Estos dos acontecimientos van a tener una relación estrecha.

Por un lado, ante la decadencia del poder hegemónico español emergieron en América Latina nuevas estructuras políticas que introdujeron a la región en esta nueva etapa de su historia, conocida como la época de independencia. Este cambio de realidad representó serias dificultades para la Iglesia Católica, ya que esta perdió en gran medida el apoyo de los nuevos Estados liberales constituidos. Fue precisamente en el marco de esta situación de decadencia católica y del poder español cuando apareció el protestantismo en el continente para establecerse de manera continua y definitiva.

No obstante, en esa búsqueda de emancipación América Latina llegó a experimentar un cambio de dueño, ya que los nuevos Estados liberales terminaron cayendo en una nueva situación colonial (neo-colonialismo) dentro del capitalismo industrial anglosajón (primero inglés y luego norteamericano).6 La iglesia protestante ingresa en el marco de esta dependencia neo-colonial, siendo patrocinada por los nuevos líderes liberales emergentes. En contraste con el modelo de la Cristiandad Ibérica, para los liberales, el protestantismo era sinónimo de progreso dentro del modelo desarrollista de la Cristiandad anglosajona. De esta forma se buscaba quebrantar el poder de la Iglesia Católica en su propio terreno. Este dato permite rastrear cómo fue que el protestantismo provino de las potencias protestantes que dominaron el Atlántico norte a partir de la caída del imperio español.

Fue durante este tiempo de grandes cambios políticos en la primera mitad del siglo XIX, y con estas circunstancias adversas para la Iglesia Católica, que el protestantismo hizo su aparición en América Latina de manera más permanente. Sin embargo, ese ingreso fue todo un proceso que puede ser identificado en tres momentos:


PROTESTANTISMO DE INMIGRACIÓN


Al comienzo, el protestantismo fue una importación traída por inmigrantes europeos como resultado del fenómeno inmigratorio. Muchos líderes de los Estados liberales, por razones ideológicas, estimularon el ingreso de inmigrantes europeos a sus países. Esto abrió las puertas de esos países al protestantismo. Dichos inmigrantes habrían de ser los pioneros de las principales denominaciones del protestantismo histórico en América Latina.

Fueron ellos los que levantaron los primeros templos y organizaron las primeras iglesias protestantes en el continente. Estas congregaciones fueron mayormente de carácter étnico. Conservaron su propio idioma y pertenecían a iglesias muy tradicionales y establecidas en sus países de origen. Por ello mismo, carecieron de celo misionero y evangelístico. Estos grupos gozaron de cierta tolerancia religiosa, pero no de una libertad religiosa amplia. Durante mucho tiempo, no se les permitió predicar en español o portugués, y sus actividades religiosas debieron limitarse a sus templos o lugares de reunión, muchas veces cerrados al público.

Estos inmigrantes tendieron a establecerse cerca los unos de los otros en orden a preservar su identidad étnica, cultural y lingüística. Estos grupos protestantes se formaron alrededor del fenómeno inmigratorio, e inevitablemente su religión tendió a presentarse ante sus ojos como una expresión o confirmación de su cultura de origen. Es por ello que, generalmente, no se comprometieron en ningún tipo de evangelización de la población nativa. Para mediados del siglo XIX, docenas de grupos de origen inmigratorio se habían establecido en el continente. Los países que recibieron los mayores contingentes fueron Brasil y Argentina (DEIROS, 1997, p. 25).


PROTESTANTISMO MISIONERO


Una segunda vía de penetración del protestantismo en América Latina se dio a través de la obra de las sociedades bíblicas británica y norteamericana quienes, pensando en América Latina como campo para la evangelización, se interesaron por la propagación del evangelio mediante la introducción y difusión de la Biblia (DEIROS, 1997, pp. 26-27). No obstante, y como era de esperar en ese momento, la receptividad de dicha labor no fue positiva en todas partes, y en muchos países se prohibió la introducción y distribución de la Biblia.7

Ahora bien, esta labor de introducción y difusión de la Biblia jugó un papel muy importante en el arraigo del protestantismo en América Latina, ya que donde se distribuían Biblias, no era raro que también surgieran pequeñas comunidades eclesiales. De esta manera, el trabajo de los colportores preparó el terreno para que, más adelante, se llevara a cabo la actividad misionera patrocinada por las iglesias protestantes de Europa y los Estados Unidos, quienes se encargaron ejecutar una evangelización más intensa.8

En las primeras décadas del siglo XX, la labor misionera protestante se tornó aún más frecuente y efectiva, especialmente en las áreas urbanas. Con ello, el protestantismo latinoamericano fue adquiriendo poco a poco un perfil más cosmopolita y dinámico. Muchas iglesias protestantes históricas o misioneras experimentaron su mayor crecimiento en la primera mitad del siglo XX. Los colportores de las sociedades bíblicas protestantes (en su distribución de la Biblia) y las actividades misioneras (agentes misioneros) de Europa y Estados Unidos jugaron un papel determinante para que esto fuese posible.

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Colportor Diego Thompson


PROTESTANTISMO LATINOAMERICANO


En la actualidad el protestantismo se ha constituido en un tipo de cristianismo que forma parte del campo religioso latinoamericano. Sin embargo, como bien lo expresa Jean Pierre Bastian (uno de los más importantes conocedores del protestantismo latinoamericano), resulta todo un desafío dar cuenta de un fenómeno tan complejo, cuya característica principal es la pluralidad.9 Esto se debe al hecho que se trata de un caso sumamente vasto y multifacético, que requiere del análisis reflexivo de mucho material informativo y que genera un abanico amplio de posibilidades de encarar y valorar el asunto.

Por un lado, hemos visto ya cómo en cierta medida el protestantismo se constituye en una forma religiosa exógena al continente, ya que fueron los extranjeros de origen europeo y norteamericanos los que primero difundieron la llegada del protestantismo en América Latina. Sin embargo, más recientemente, una conciencia más profunda de los valores propios, una madurez mayor y un marcado sentido de identidad nacional ha llevado a muchos estudiosos a reconocer reconocer la configuración de un protestantismo auténticamente latinoamericano. Este protestantismo se considera, por un lado, heredero de la tradición propia de la Reforma, con un fuerte énfasis sobre la autoridad de las Escrituras, un mensaje Cristo-céntrico, que demanda arrepentimiento y fe para la salvación, y una vida cristiana de obediencia al señorío de Cristo. No obstante, este protestantismo ha venido desarrollando también, con el transcurrir de los años, su propia liturgia, su himnología, sus propias respuestas a las complejas situaciones que enfrenta en el continente, una teología más coherente con las condiciones del contexto y una misionología mejor adecuada a sus recursos y particular condición. Este protestantismo latinoamericano está haciendo oír su voz en el mundo y está procurando hacer su propia contribución a la extensión del Reino de Dios. Este Protestantismo es ahora latinoamericano, con personalidad propia dentro del Protestantismo mundial.

Por consiguiente, América Latina se caracteriza hoy no sólo por su heterogeneidad geográfica y cultural, sino también religiosa. Conviven en el continente las más variadas expresiones de la religiosidad. Desde las formas multifacéticas que cabe bajo el nombre de catolicismo romano, pasando por el mosaico que se ubica dentro del marco del protestantismo, hasta las manifestaciones de otras religiones (como el judaísmo, islamismo y budismo), abarcando también la nube de cultos espiritualistas, sectarios y esotéricos, tanto autóctonos como importados (DEIROS, 1992, p. 107).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS