Luego de estudiar el inicio de la Reforma Protestante con Martín Lutero un hecho resulta cierto: el panorama religioso de la Europa occidental del siglo XVI cambió significativamente producto del gran impacto que ejerció la vida y obra del reformador alemán. Sin embargo, esta afirmación nunca debe llevarnos a desconocer que así como en Alemania existió un ambiente reformista, otros lugares de Europa también desarrollaron sus propios modelos de reforma. Esto fue lo que aconteció en Suiza, ya que del mismo modo que en Alemania, las condiciones sociales, políticas y culturales del lugar así lo propiciaron.1
Por esa razón, un estudio de la Reforma del siglo XVI no puede pasar por alto la vida y obra de los denominados «reformadores suizos», entre los cuales están aquellos que en últimas se establecieron allí para llevar a cabo su labor. Sin embargo, este modelo particular de reforma no podría entenderse a cabalidad sin antes tener cierto conocimiento de lo que fue en ese tiempo Suiza, el cual era un escenario singular en comparación a otras regiones de Europa.
Como primera medida, hay que tener en cuenta que la Suiza del siglo XVI era una región donde el poder estaba descentralizado. Era una Confederación de Cantones que, aunque en teoría formaban parte del Sacro Imperio Romano Germánico, en la práctica gozaba ya de un gobierno propio.2
Ciudad vieja de Basilea, Catedral de Munster en el río Rin, Suiza.
En segundo lugar, resulta importante saber que la Suiza de entonces estaba regida por un organismo común conocido como la Dieta, reguladora de las relaciones internas y la política exterior, aunque al mismo tiempo cada cantón tenía su propia forma de gobernarse mediante un Consejo. Esta última institución que adquiere una gran importancia dentro de este caso de la Reforma ya que los reformadores suizos tuvieron que contar con el apoyo de los Consejos para lograr sus iniciativas.
Finalmente, un aspecto que no puede pasar por alto dentro de esta contextualización preliminar es que así cómo algunos cantones llegaron a convertirse en escenarios protestantes, otros continuaron siendo católicos. Esta divergencia religiosa, sumada a otros factores, es la que explica la cruenta guerra civil que se desató en territorio suizo debido a la oposición manifiesta de varios cantones a la extensión de la Reforma.