REFORMA EN INGLATERRA


Sin lugar a dudas hablar de la Reforma en Inglaterra representa analizar un caso muy peculiar dentro del amplio espectro que caracteriza a la Reforma del siglo XVI. Se trata de un tipo de reforma producida en un escenario particular (por su condición insular) y con notables diferencias a las ocurridas en los anteriores lugares analizados. Mientras que en los países del continente (como Alemania y/o Suiza) los profundos cambios religiosos se gestaron a partir de las diferencias en aspectos doctrinales de la fe, en el caso de Inglaterra esos cambios fueron emprendidos por motivaciones que tenían muy poco que ver con tales aspectos.

A eso se suma la gran complejidad que existe al momento de ofrecer una explicación clara sobre los orígenes de la Reforma inglesa, debido a la cantidad de datos históricos que requieren ser precisados. Por ende, no se puede hablar del caso en cuestión sin antes ubicarnos en el marco histórico de lo que fue «el reinado dinástico de los Tudor», particularmente en el periodo de gobierno que va desde Enrique VIII hasta Isabel I (EGIDO, 1985, p. 7), ya que la reforma en Inglaterra estuvo muy influida por sus monarcas.1 En ese orden de ideas, tal como lo expresa Evangelista Vilanova (1989), son básicamente tres etapas las que marcaron los acontecimientos en la Inglaterra del siglo XVI:

  • El reinado de Enrique VIII (1509 – 1547), en el cual Enrique sustituyó al Papa como Cabeza de la Iglesia Inglesa.

  • El reinado de Eduardo VI (1547 – 1553), durante el cual se organizó la penetración del protestantismo.

  • El reinado de Isabel I (1558 – 1603), donde se dio el establecimiento definitivo del anglicanismo.

Sin embargo, un hecho importante que determinó el comienzo del gobierno de los Tudor fue el ascenso al trono de Enrique VII (1485 – 1509), con quien la Corona experimentó un cambio de dinastía.2 Fue su llegada al poder lo que preparó el camino para que luego su hijo, Enrique VIII, asumiera las riendas del reinado en Inglaterra, en cuya figura se identifica el punto de partida de la Reforma inglesa del siglo XVI.

No obstante, las iniciativas que buscaban emprender una reforma en Inglaterra no eran algo novedoso, ya que la historia cristiana testifica sobre la significativa labor que ejercieron, en siglos anteriores, hombres como John Wycliffe (1320 – 1384) y Guillermo de Ockham (1300 – 1349). Además, ya situados en el siglo XVI, esa misma historia nos permite conocer la labor emprendida por personajes como Guillermo Tyndale (1494 – 1536), quien publicó una versión en inglés no autorizada del Nuevo Testamento, y Miles Coverdale (1488 – 1568), quien publicó una versión inglesa de toda la Biblia. Aun así, fueron los reyes ingleses quienes se encargaron de mantener al país en una oficial lealtad a la Iglesia Católica Romana, pese a que no estuvieron muy de acuerdo con la intervención del Papa en sus asuntos internos. Por ende, mientras el rey se mantuvo al lado del Papa, la Iglesia inglesa estuvo a salvo de cualquier intento significativo de reforma.