VIDA Y OBRA DE SUS REPRESENTANTES


Al parecer, el movimiento anabaptista se originó en Zúrich, entre algunos que consideraron a Ulrico Zwinglio (reformador suizo) demasiado moderado en su teología y acciones.2 Por lo tanto, los impulsores de esta iniciativa reformista propusieron tomar medidas más radicales a las asumidas por Zwinglio. Sin embargo, para entender más a fondo lo que fue la Reforma Radical se debe tener en cuenta al menos dos consideraciones previas:

En primer lugar, que fue un movimiento víctima de una gran persecución (incluso a muerte) al ser considerado su radicalismo como herejía (acusación religiosa) y subversión (acusación civil) tanto por los católicos como por los protestantes. Esto debido a que sus creencias y prácticas representaron un cuestionamiento radical al paradigma de la Cristiandad imperante.

Y en segundo lugar, que la Reforma Radical fue un movimiento revestido de mucha variedad y complejidad. Por esa razón los estudiosos han reconocido la existencia de diversas corrientes dentro de este movimiento, que en un sentido práctico pueden ser sintetizados en dos principales: el anabaptismo apocalíptico (de un perfil mucho más revolucionario) y el anabaptismo pacifista (ILLANES – SARANYANA, 1995, p. 123).


ANABAPTISMO PACIFISTA


La primera manifestación de anabaptismo del siglo XVI estuvo a cargo de los llamados «hermanos suizos» quienes, en medio de ese contexto de persecución, se lograron distinguir por su pacifismo radical. Aun así, las enseñanzas de estos primeros anabaptistas no fueron bien recibidas por los católicos ni por la mayoría de los teólogos protestantes, por lo que la historia del anabaptismo en ese tiempo se volvió una larga lista de martirios y exilios. Sin embargo, a pesar de la persecución, el movimiento efectivamente creció y se difundió.

Entre ellos se encontraban hombres como Conrad Grebel (1498 – 1526), quien llegó a ser su cabeza principal, así como Félix Manz y Balthasar Hübmaier, quienes terminaron relacionándose con el anabaptismo pacifista. Todos estos fueron en un primer momento seguidores de Zwinglio en Zúrich, pero terminaron separándose de él a raíz de las diferentes concepciones teológicas que tuvieron en relación a la Iglesia y sobre todo al bautismo infantil. Ante este último aspecto, Grebel, Manz y Hübmaier optaron por bautizarse de nuevo (1525) y desde ese momento se les consideró como «anabaptistas» (rebautizadores).

La meta de Conrad Grebel, así como de otros anabaptistas, fue la restauración total del cristianismo del Nuevo Testamento. Fue este deseo de restaurar el cristianismo primitivo lo que les llevó a su posición respecto a la Iglesia y el Estado, lo cual será analizado más adelante con detalle. Por lo pronto, estos reformadores sostuvieron también que la fe cristiana era en su esencia misma pacifista. Los cristianos no han de tomar las armas para defenderse a sí mismos, ni tampoco para defender su patria.3

Sin embargo, el movimiento más significativo y perdurable dentro de este tipo de anabaptismo fue el conducido por el holandés Menno Simons, ex sacerdote católico convertido al anabaptismo pacifista (1536) tras un proceso de lectura y reflexión sobre el Nuevo Testamento, los Padres de la Iglesia y los reformadores protestantes (EGIDO, 1995, p. 31). Fue un extraordinario predicador itinerante, que difundió la doctrina anabaptista en Holanda y Alemania, llegando a constituirse en uno de sus jefes más distinguidos.

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Menno Simons (1496-1561)

Menno Simons se opuso a la violencia impulsada por la vertiente anabaptista revolucionaria, ya que esta postura le pareció una perversión del corazón mismo del cristianismo. Luego, el pacifismo no fue una característica secundaria de esta rama del anabaptismo, sino que perteneció a la esencia misma del modo en que Menno Simons entendió el evangelio. Es por esa razón que el pacifismo ha sido una característica constante de todos los cuerpos menonitas a través de los siglos. En resumen, Menno Simons (y otros anabaptistas posteriores a él) se inclinaron por el pacifismo original del movimiento.


ANABAPTISMO REVOLUCIONARIO


Como consecuencia de la persecución sufrida, el anabaptismo fue un movimiento con el paso del tiempo llegó a dividirse en varias fracciones, surgiendo dentro del mismo una posición más radical. En contraste con el anabaptismo pacifista, esta corriente se distinguió, en medio del contexto de persecución, por asumir una posición revolucionaria. Cabe aclarar que no todos los reformadores radicales eran revolucionarios políticos.

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Thomás Müntzer (1496-1561)

Esta corriente anabaptista es conocida también como anabaptismo apocalíptico, ya que como sucede frecuentemente bajo la presión de la persecución, la expectación escatológica se hizo cada vez más vívida y urgente, convenciéndose muchos que estaban viviendo en los últimos tiempos.

Hay varias figuras destacadas dentro de este movimiento: Thomás Müntzer, Andreas Carlstadt, Hans Hut y Melchior Rinck. Todos estos fueron los líderes de la tendencia revolucionaria dentro de la Reforma en Alemania, quienes al principio estuvieron asociados con Lutero. Sin embargo, fue Thomás Müntzer, un seguidor inicial de Lutero convertido en un profeta apocalíptico y revolucionario, quien más se destacó. Su estilo y teología estuvo basada en contrastar el estado actual de la Iglesia con el Reino de Dios de los últimos días (MORENO, 2006, p. 116).

Thomás Müntzer, en su militancia revolucionaria acompañó a los campesinos en sus luchas contra las injusticias provocadas por los cambios económicos del momento, promulgando la lucha armada como justa, combinada con un mensaje profético y de comunitarismo cristiano. Consideró además que los creyentes debían levantarse para pelear la «causa justa de Dios», frente a los príncipes opresores y los reformadores traidores como Lutero.4 Iluminado por sueños y visiones, más allá del texto bíblico, Müntzer convocaba a un nuevo Reino que Dios iba a inaugurar. Durante los últimos años de su vida, Müntzer se dedicó a la confrontación armada contra los príncipes electores del territorio alemán, en donde terminó siendo capturado y decapitado. Sin embargo, la caída de Müntzer puso fin al anabaptismo revolucionario.


PRINCIPALES PROPUESTAS TEOLÓGICAS


Básicamente, para conocer las ideas que caracterizaron al movimiento anabaptista se requiere analizar sus propuestas teológicas con relación a tres temas esenciales: En cuanto a la Iglesia, la sociedad y los Sacramentos.

En cuanto al primer aspecto, se puede decir que la concepción anabaptista de la Iglesia fue diferente de la sostenida por la Iglesia Católica y los movimientos de la Reforma Protestante. Los radicales expresaron su esperanza histórica de retornar a la edad apostólica de la Iglesia, lo que se entiende como una vuelta a los orígenes del cristianismo. Esto quiere decir que para los anabaptistas la Iglesia debía ser reconstruida estrictamente sobre la base del Nuevo Testamento, siendo totalmente independiente del Estado.

Para ello, la Iglesia no debía confundirse con el resto de la sociedad civil, ya que existe una diferencia fundamental entre ambas: mientras se pertenece a una sociedad por el simple hecho de nacer en ella, sin hacer decisión alguna al respecto, para ser parte de la Iglesia hay que hacer una decisión personal. La Iglesia es una comunidad voluntaria de aquellos que han tenido una experiencia personal con Cristo, y no una sociedad dentro de la cual nacemos.

A estos anabaptistas les parecía claro que el Nuevo Testamento contradice la práctica tradicional, tanto católica como protestante, de confundir a la Iglesia con la comunidad civil. En el Nuevo Testamento la iglesia es una comunidad escogida de entre la totalidad del mundo, muy diferente de él, y que consiste sólo de aquéllos que han hecho una decisión personal de unirse al cuerpo de Cristo.

En su concepto de la sociedad, a pesar de todas sus reformas, Lutero y Zwinglio continuaron aceptando los términos fundamentales de la relación entre la Iglesia y el Estado que se había desarrollado a partir de Constantino. Ni el uno ni el otro interpretaron el cristianismo de tal modo que fuera un reto radical al orden social establecido. Los anabaptistas, en cambio, se resistieron a este concepto de Cristiandad, creyendo en la separación entre la Iglesia y el Estado. Esta acción horrorizaba a la Europa cristiana, tanto católica como protestante, porque ponía en tela de juicio la estabilidad de la estructura político – religiosa de la sociedad, planteando así un nuevo tipo de sociedad.

Y en cuanto a los Sacramentos, es precisamente en torno al bautismo que se ve el contraste entre la Reforma Clásica y la Reforma Radical, ya que la interpretación del bautismo que tenían estos últimos los diferenciaba totalmente de los demás movimientos que hacían parte de la Reforma del siglo XVI.

Los anabaptistas rechazaron el bautismo infantil como contrario a las Escrituras. Ese bautismo daba a entender que se es cristiano sencillamente por haber nacido en una sociedad supuestamente cristiana, pero tal entendimiento ocultaba la verdadera naturaleza de la fe cristiana, que requiere una decisión propia.5 Por consiguiente, se les dio a estas personas el nombre de «anabaptistas», que quiere decir «rebautizadores». Sin embargo, ese nombre no era del todo exacto, ya que los anabaptistas no propusieron la necesidad de bautizarse de nuevo, sino que el primer bautismo no era válido, y que por lo tanto el que se recibía después de confesar la fe era el primero y el único. En todo caso, la historia los siguió considerando como «anabaptistas».

En cuanto a la Cena del Señor, para los anabaptistas era un acto conmemorativo de la muerte del Señor (igual al concepto que tenía Zwinglio), un símbolo de la comunión con él y un recuerdo de la promesa de su regreso. Solo los bautizados podían participar de este Sacramento.


EL LUGAR DE LA BIBLIA


Para los anabaptistas la Biblia era la autoridad suprema, especialmente el Nuevo Testamento, que aplicaban literalmente y usaban como única norma para la Iglesia. Era la Biblia y no la teología la que garantizaba la vitalidad de la Iglesia. Las cosas que aceptaban o rechazaban encontraban su respuesta en la Biblia.

El Nuevo Testamento era considerado un libro clave para la vida cristiana, y era en ese sentido que se lo estimaba como autoritario (El Antiguo Testamento jugaba un papel preparatorio). Los anabaptistas fueron literalistas en su interpretación de la Biblia, pero no legalistas. Es por esto que se distinguieron por su estudio diligente de las mismas.


LEGADO EN LA ACTUALIDAD


Resulta doloroso saber cómo los primeros anabaptistas fueron perseguidos tanto por los católicos como por los protestantes. Esto sucedió en Suiza, Bélgica, Holanda, Italia, España, Alemania, Francia e Inglaterra, y se mantuvo así por mucho tiempo. Fue por ello que miles de anabaptistas abandonaron Europa para buscar la libertad religiosa en Norteamérica.

Los anabaptistas sufrieron pero sobrevivieron, haciendo también una contribución única, a través de su profunda influencia, al desarrollo de una comprensión más comprometida y rica del evangelio. El cuerpo más numeroso de los anabaptistas que sobrevivió a las persecuciones fue el de los menonitas, que como vimos, recibieron ese nombre por Menno Simons. Continúan insistiendo en el pacifismo y dedicándose frecuentemente al servicio social.

Sin embargo, el movimiento del anabaptismo no se limita a una denominación. Hay varias iglesias que han adoptado las ideas de la Reforma Radical. La mayoría de los cristianos evangélicos hoy acepta las ideas anabaptistas como expresiones adecuadas de la fe del Nuevo Testamento. Algunos de los principios fundamentales de estos radicales siguen siendo columnas sólidas de la fe evangélica en América Latina.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS