EL REINADO DE ENRIQUE VIII
(1509-1547)

EL CISMA ENTRE INGLATERRA Y ROMA


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Enrique VIII de Inglaterra (1509-1547)

De manera concreta se puede decir que para entender el origen de la Reforma inglesa se necesita analizar el reinado de Enrique VIII en el marco de sus relaciones con el pontificado romano. En ese sentido, fueron dos situaciones cruciales en su gobierno, correspondientes a dos momentos vividos en sus relaciones con el Papa de Roma. Sin embargo, para entender lo sucedido conviene retroceder nuevamente la historia hasta el tiempo de Enrique VII quien, teniendo en mente un ambicioso proyecto político, fue el encargado de impulsar una prometedora alianza hispano – inglesa, la cual sirve para explicar lo sucedido en el reinado de Enrique VIII.


EL ACERCAMIENTO ENTRE EL REY Y EL PAPA


Fue a comienzos del siglo XVI cuando el rey Enrique VII decidió acordar una alianza estratégica entre Inglaterra y España mediante lo que sería una alianza matrimonial entre su hijo Arturo (presunto heredero) y Catalina de Aragón, hija menor de los Reyes Católicos.3 Sin embargo, tal propuesta resultó fallida en su primer momento, debido a la prematura muerte que sufrió Arturo, aunque en últimas pudo ser concretada luego de la nueva unión acordada entre la joven viuda y el otro hijo del rey, Enrique, quien efectivamente llegó a heredar el trono.4 Este matrimonio no se convirtió en una experiencia afortunada para los intereses de Enrique, ya que durante los dieciocho años que vivió con Catalina, todos los hijos que tuvo murieron al nacer o muy pequeños, sobreviviéndole solamente una hija, llamada María.

Durante todo ese tiempo que estuvo casado con Catalina, la postura religiosa del rey fue claramente conservadora de la Cristiandad tradicional, ya que no sentía la más mínima simpatía hacia los protestantes. Tanto es así que, en cierta ocasión, llegó a componer un tratado contra Lutero refutando sus enseñanzas sobre los Sacramentos, gesto por el cual recibió del Papa León X el otorgado título de «Defensor Fidei», es decir, defensor de la fe (católica). Este dato es una muestra que permite corroborar cómo la postura religiosa de Enrique VIII no fue anti-católica aunque sí anti-luterana.5

Sin embargo, ante la gran preocupación del rey sobre quién sería su sucesor en la Corona, ya que con Catalina no había logrado tener un hijo varón, el monarca inglés decidió solicitar de Roma una autorización papal confiriéndole la anulación matrimonial, buscando con esta medida quedar en condiciones para casarse nuevamente con una mujer que pudiera darle ese hijo varón, heredero del trono.6


EL DISTANCIAMIENTO ENTRE EL REY Y EL PAPA


Hasta aquí es importante señalar que mientras Enrique VIII mantuvo una relación amistosa con el Papa, la Iglesia inglesa estuvo a salvo de cualquier tipo de reforma, ya que el anticlericalismo aún no había alcanzado magnitudes lo suficientemente fuertes como para haberla generado. Sin embargo, fue esta solicitud de divorcio lo que condujo a la ruptura entre las relaciones del rey y el Papa ya que este último, sintiendo la presión ejercida por el Emperador Carlos V (el sobrino de Catalina y el gobernante más poderoso en la Europa de entonces), decidió no conceder tal solicitud al rey.

partir de esta situación, Enrique VIII siguió un rumbo que lo llevaría a una ruptura definitiva con el Papa (1534), la cual se produjo cuando el Parlamento inglés, siguiendo los deseos del rey, promulgó una serie de leyes en las que se incluían:

  • La prohibición al pago de impuestos y otras contribuciones a Roma.

  • La invalidación del matrimonio entre Enrique y Catalina (lo que invalidó también que María, hija de Catalina, fuera heredera del trono).

  • Y la designación del rey como «Cabeza Suprema de la Iglesia de Inglaterra».

Este último decreto dejó claramente a la Iglesia inglesa por fuera de la jurisdicción del Papa, quedando así consumada su separación de Roma. En su lugar, Enrique VIII sustituyó al Papa como cabeza de la Iglesia inglesa y ejerció el poder más absoluto entre todos los monarcas ingleses. Ante todo lo dicho, resulta entendible por qué la historia atribuye al divorcio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón la causa ocasional y el elemento catalizador del cambio político religioso ocurrido en la primera mitad del siglo XVI, siendo concretamente la ruptura del rey inglés con el Papa de Roma el punto de partida de la Reforma en Inglaterra.7 Por lo tanto, la causa principal y real de la Reforma inglesa fue política, no religiosa.

Al respecto, las reacciones en contra de la política de Enrique VIII no fueron muy intensas aunque, como es de esperar, no todos estuvieron de acuerdo con esta medida. Entre ellos se encuentra el célebre personaje Tomás Moro (1478-1535) quien, a pesar de haber sido canciller del reino y amigo del rey, fue ejecutado luego de negarse a jurar fidelidad a Enrique como cabeza de la Iglesia.8 No obstante, no hubo una persecución generalizada mientras vivió Enrique, si bien algunos pocos sufrieron.

Aun así, en Inglaterra había muchos que consideraron necesario reformar la Iglesia y vieron en el distanciamiento entre el rey y el Papa una oportunidad para hacerlo. Entre los principales partidarios de esta iniciativa estuvieron Thomás Cromwell, ubicado al frente de los asuntos del Estado, y Thomás Cranmer, encargado de los asuntos religiosos. Ambos, fervientes defensores del poder centralizador monárquico, y convencidos de la necesidad de romper con Roma, tuvieron ideas protestantes (el segundo más que el primero). Al amparo de estas circunstancias, Cranmer y Cromwell, desde sus bastiones respectivos, trataron de encarrilar el rumbo religioso hacia el protestantismo. 9 Sin embargo, la postura del rey se orientó más hacia un catolicismo doctrinal sin Papa, la cual mantuvo hasta los últimos años de su vida.10

Queda claro con esta descripción que, a diferencia de lo acontecido con las reformas luterana, zwingliana y calvinista, protagonizadas por reformadores religiosos que lograron comprometer en un segundo momento a los poderes políticos, en Inglaterra fue precisamente el poder político (el rey, con su Consejo y Parlamento) el que desencadenó la ruptura con el pontificado de Roma, aunque no tuvieron diferencias dogmáticas profundas (EGIDO, 1985, p. 7).


EL REINADO DE EDUARDO VI
(1547-1553)

EL INTERVALO PROTESTANTE EN INGLATERRA


De toda esta historia, Enrique VIII se casó en total seis veces y fue con su tercera esposa (Jane Seymour) con quien pudo tener un hijo varón, quien finalmente le sucedió en el trono.11 De tal manera que cuando Enrique VIII murió, fue sucedido en el trono por su hijo Eduardo VI, quien tenía solamente nueve años cuando asumió el poder.

Eduardo, el tercer monarca de la dinastía Tudor, debido a la crianza que tuvo, fue el primer gobernante inglés protestante, aunque fue su padre Enrique VIII quien rompió las relaciones con la Iglesia Católica romana. En ese sentido, la reforma política de Enrique reflejó una diferencia de la reforma teológica de Eduardo, de orientación marcadamente protestante.

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Eduardo VI de Inglaterra (1547 - 1553)

Debido a su minoría de edad, la administración de su reinado fue ejercido por su tío Eduardo Seymour, duque de Somerset, y por Juan Dudley, duque de Warwick. Ambos eran considerados los jefes supremos de la nación. Así, la reforma en este periodo se consolidó con estos dos personajes. Eduardo Seymour mantuvo durante su gobierno una prudente calma político – religiosa. A pesar de sus inclinaciones hacia el luteranismo, respetó con moderación a los fieles católicos. Durante el reinado de Eduardo VI, Cranmer pudo llevar adelante la promoción del protestantismo. Sin embargo, todos estos cambios terminaron cuando sobrevino la muerte de Eduardo (1553) a la edad de quince años.

La medida más notable de este periodo fue la publicación del «Libro de Oración Común», cuyo principal autor fue Cranmer (1549), y que le dio por primera vez al pueblo inglés una liturgia en su propio idioma (GONZÁLEZ, 2009, p. 82). Se mantiene como el libro de oración principal en la liturgia de la Iglesia de Inglaterra, aunque, en la práctica, ha sido largamente reemplazado por libros de oraciones más modernos como el Common Worship.

Cuando murió Eduardo VI, el trono pasó a manos de María Tudor (1553 – 1558), hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, quien se casó con Felipe II de España.12 María había sido siempre católica (por convicción y necesidad política), incluso bajo el reinado de su medio hermano Eduardo, y en su mente estuvo siempre el propósito de restaura la vieja fe.

La reina María, tras promesas iniciales de benignidad, se inclinó finalmente por aplicar medidas represivas tan pronto se sintió segura en el trono, intentando aniquilar la Reforma Protestante y buscando restablecer con mano firme el catolicismo en Inglaterra. A pesar de su breve reinado, hubo numerosas ejecuciones, entre las víctimas estuvo su rival en la Corona, Juana Grey, el arzobispo Cranmer, varios obispos y predicadores, acciones que le llevaron a ganarse el epíteto de «María la Sanguinaria». Como resultado de estas medidas, a finales de 1554, Inglaterra regresó oficialmente a la obediencia al Papa. Aun así, pese a que el poder estuvo ahora en manos de los católicos, no tuvieron éxito para ahogar el movimiento protestante pues este había echado raíces en el país y resultaba difícil extirparlo.


EL REINADO DE ISABEL I
(1558-1603)

LA IGLESIA ESTATAL ANGLICANA


Tras la muerte de María, quien sucedió en el trono fue su media hermana Isabel, hija de Enrique VIII y Ana Bolena, quien se había declarado católica bajo el reinado de María. Sin embargo, la nueva reina propuso al Parlamento cambios en la religión, anulando de nuevo la restauración de la Iglesia católica en Inglaterra. El Parlamento votó una nueva Acta de Supremacía (1559), en la que proclamó a la reina como «Supreme Governor» (Gobernadora Suprema) en los asuntos religiosos y civiles.

Su reinado es considerado como el período de oro del renacimiento inglés, ya que fue el tiempo donde la Iglesia se estableció sobre bases más permanentes. A eso se suma que fue el periodo de los logros culturales más grandes.

Isabel, a diferencia de María, era protestante, pero su política no fue extremista. Su política de gobierno se basó en una «Ley de Uniformidad» que buscó siempre establecer una Iglesia cuyas creencias y prácticas religiosas fuesen uniformes, de modo que el reino quedara unido, aunque al mismo tiempo se permitiese cierta libertad de opiniones. Lo único que no tendría lugar sería el catolicismo o el protestantismo extremo (GONZÁLEZ, 2009, p. 85). De ese modo, la reina supo aprovechar las circunstancias internas y externas para llevar a cabo su programa religioso (inseparable de lo político).13

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Isabel I de Inglaterra (1558 - 1603)

En total, el número de católicos ajusticiados durante el reinado de Isabel, por sus implicaciones en diversas conspiraciones contra la reina, fue tan alto como el de los protestantes que murieron bajo María la Sanguinaria. Pero hay que tener en cuenta que Isabel reinó casi medio siglo, y su medio hermana sólo unos pocos años. En todo caso, hacia el final de la vida de Isabel los católicos daban señales de estar dispuestos a distinguir entre su obediencia religiosa al Papa y su lealtad política a la reina. Tal sería la postura que finalmente les permitiría convivir en Inglaterra con sus conciudadanos anglicanos (Ibíd., p. 86).

En síntesis, se puede decir que el Anglicanismo como tal se formó y afianzó en el larguísimo reinado de Isabel I (1558 – 1603), quien supo transformar en algo coherente el catolicismo sin Roma de Enrique VIII y las experiencias protestantes de Eduardo VI (EGIDO, Óp. Cit., p. 22).

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Richard Hooker (1553 -1600)
El teólogo anglicano mas importante del siglo XVI

las otras reformas protestantes. En ese sentido, su teología es una mezcla de luteranismo, calvinismo y catolicismo, si bien el tipo de adoración fue más católico que protestante, como también lo fue su estructura eclesiástica. A eso se suma que la Iglesia de Inglaterra, como la oficial de la monarquía constitucional inglesa, mantiene una relación histórico-jurídica entre el Estado y la Iglesia. Dentro de las característica sobresaliente de la Reforma inglesa también hay que mencionar que esta no tuvo un líder religioso prominente, como Lutero en Alemania o Zwinglio y Calvino en Suiza (DEIROS, 2008, p. 102).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS