Resulta conveniente aclarar un debate que ha existido respecto a la Reforma Católica, y es si esta debe ser entendida como una Reforma o una Contra-Reforma. Para superar este dilema y evitar malas interpretaciones es necesario hacer la precisión sobre cómo la Reforma Católica durante el siglo XVI atravesó por dos momentos, en los cuales adquirió dos facetas: Un primer momento, donde adquirió el sentido de una reforma (sin relación a la reforma luterana), y en el segundo, donde reflejó el sentido de una contrarreforma (esta vez, con relación a la reforma luterana).
El historiador Hubert Jedin (1972) advierte la presencia de estos dos momentos en su análisis sobre la Reforma Católica del siglo XVI. Al respecto, considera el primero como positivo, ya que es la tendencia espontánea y vital de la reforma católica; aunque el segundo lo describe como negativo, puesto que está constituido por la reacción contra el protestantismo. En ese sentido, Jedin viene a considerar al primer aspecto como la Reforma Católica y reserva el nombre de Contra-reforma para el segundo (VILANOVA, 1989, p. 524). Esto quiere decir que la Reforma Católica del siglo XVI incluye un dinamismo renovador hacia la Iglesia (nacida de una necesidad interna) y a la vez una reacción hacia la Reforma Protestante (nacida de una situación externa), siendo ambos momentos complementarios. A continuación, serán especificadas cada una de las características que hacen parte de estos dos aspectos de la Reforma Católica.
Como primera medida, para poder entender la Reforma Católica hay que reconocer un hecho que es históricamente cierto: Desde antes de la protesta de Lutero, habían ya surgido muchas personas que soñaban con una reforma eclesiástica y que habían tomado medidas en ese sentido. Ante esta realidad, resulta inexacto referirse a la Reforma Católica del siglo XVI solamente como una «Contra-Reforma», puesto que en realidad esta había comenzado antes que la Reforma protestante se iniciara (GONZÁLEZ, 1993, p. 202). En España, por ejemplo, resulta notoria cómo la iniciativa reformadora cobró un gran impulso gracias a la obra de Isabel la Católica y del Cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, aunque sin abandonar los causes del catolicismo romano.
Precisamente, el Cardenal Cisneros es el personaje encargado de promover una reforma moral del clero, impulsando también otro proyecto no menos ambicioso: elevar su nivel cultural. A él se debe la fundación de una de las instituciones docentes más notables de aquel tiempo, como fue la Universidad de Alcalá, donde instituyó cátedras no solo de teología sino también de lenguas orientales, que posteriormente harían posible la edición de la Biblia Políglota Complutense.2
Sin embargo, este tipo de medidas impulsadas por Cisneros, quien contó con la total confianza de los Reyes Católicos, no significaron en sí algún cambio teológico como el que poco tiempo después significó la Reforma luterana, sino una reorganización institucional que convirtió a la Iglesia española en un mecanismo disciplinado, estrechamente vinculado a la política y a los intereses de la Monarquía hispánica. 3
Cardenal Francisco Ximénes de Cisneros (1436-1517)
Ahora bien, frente a lo anteriormente dicho hay que agregar otra descripción que resulta igualmente cierta: la Reforma Protestante efectivamente sí condujo a que la Iglesia Católica tomara una actitud de reacción ante ella. Es por esa razón que la historia nos presenta cómo la Reforma Católica, a la postre, se orientó a la lucha contra el protestantismo, refutando sus enseñanzas e incluso persiguiendo a sus profesantes.
Esta faceta de reacción católica corrió ante todo a cargo de los monarcas que se conservaron católicos. Por consiguiente, Roma y la Península Ibérica fueron los dos centros de influencia y esplendor más representativos de la Contra-reforma. Sin embargo, España la habría de capitanear, ya que allí la política y religión (católica) constituían en aquellos tiempos en una totalidad indivisible.
Como reacción a la Reforma Protestante la Iglesia Católica se encargó de utilizar medios de defensa y ataque: Con Trento y la Inquisición intentó eliminarla.
La historia de la Reforma en la península Ibérica está estrechamente relacionada con la Inquisición. Como resultado de su efectividad casi no quedaron rastros del protestantismo temprano. La Reforma protestante en España no se arraigó debido a la implacable persecución a la que fueron sometidos los luteranos por la Inquisición, lo que obligó a los que pudieron escapar a refugiarse en estados protestantes o más tolerantes. Es una historia que puede ser resumida como una serie de persecuciones, muertes y exilios, en donde al protestantismo le tocó confrontar el mismo odio que en algún momento se dirigió contra los judíos y los musulmanes. En razón de la amenaza permanente de la persecución inquisitorial, hubo muchos protestantes españoles que decidieron abandonar su país y establecerse en otras tierras.
El acontecimiento eclesiástico central para la Reforma Católica del siglo XVI fue, sin lugar a dudas, la celebración del Concilio de Trento (1545 – 1563).4 Su historia es un poco larga y compleja. Sin embargo, se puede mencionar que se celebró en la ciudad de Trento (ciudad del norte de Italia) y, con varias interrupciones, realizó su labor en tres etapas.
El Concilio respondió tanto al reto que representaban los protestantes como a la necesidad que tenía la Iglesia de reformarse. Este segundo aspecto llevó a que el Concilio no se limitara a condenar el protestantismo, por lo que se dedicó a discutir también toda clase de doctrinas y a reformar las costumbres del clero.
En ese sentido, el Concilio declaró que la traducción de la Biblia conocida como «Vulgata» era suficiente para cualquier discusión dogmática, que la tradición tenía una autoridad paralela a la de las Escrituras, que los Sacramentos son al menos siete, que la misa es un verdadero sacrificio en el que no resulta necesario que todos reciban el pan y el vino, que la justificación es el resultado de la colaboración entre la gracia de Dios y los méritos del creyente (GONZÁ- LEZ, 2009, p. 122).
Ante las traducciones de la Biblia el Santo Oficio de la Inquisición entró muy pronto en actividad para prohibir, tanto en la península Ibérica como en las nuevas tierras conquistadas, la difusión y lectura de la Biblia, ejerciendo así control sobre sus traducciones a las lenguas populares. El Concilio de Trento marcó el comienzo del catolicismo moderno hasta el siglo XX.5
En resumidas cuentas, España participó en la reforma religiosa del siglo XVI con hombres como Juan de Valdés, Francisco de Enzinas, Casiodoro de Reina, Cipriano de Valera, Juan Pérez de Pineda, entre otros. En vista de la persecución que los amenazaba constantemente, fueron muchos los protestantes españoles que decidieron abandonar su patria y establecerse en otros lugares. Sin embargo, la obra más notable de esos exiliados fue la traducción de la Biblia al castellano (GONZÁLEZ, 2009, p. 127). Esto nos lleva a destacar de manera especial a dos de estos personajes en la historia del protestantismo español:
Monje jerónimo que se vió forzado a huir de España a causa de la Inquisición. Se le conoce por su traducción de la Biblia al castellano.
Nació en Sevilla6 de padres moros y estudió en un monasterio. Se sabe muy poco de su vida antes (y durante) su profesión en la orden monástica. Aun así, se sabe que estudió en la Universidad de Sevilla, probablemente estudios humanísticos, por sus conocimientos de latín, griego y hebreo.
Debido a la persecución de 1559 tuvo que huir de España y buscar refugio en el CASIODORO DE REINA EL TRADUCTOR centro de Europa. Se vió forzado al exilio varias veces (Ginebra, Frankfurt, Londres, Amberes, Colonia, Estrasburgo, Basilea) para mantenerse al margen de la inquisición.
Casiodoro de Reina (1520 -1594)
La Biblia del oso (1520 -1594)
Casiodoro de Reina vivió en Amberes, lugar donde llevó a cabo su famosa traducción de la Biblia que fue publicada en 1569, conocida como la Biblia del Oso. La Biblia del Oso fue publicada en 1569, pero no representa el primer intento de traducir los textos sagrados al castellano. En efecto, lo precedieron otras traducciones (BONILLA, 2006, p. 261). Reina murió en Frankfurt, donde había servido como pastor a inmigrantes luteranos.
Esta traducción de la Biblia es un exponente fiel de los movimientos reformistas del siglo XVI que intentaban a toda costa hacer que la Palabra de Dios llegue al pueblo en su propia lengua.
El nombre de Cipriano de Valera está estrechamente unido al de Casiodoro de Reina y al de la Biblia en la que ambos trabajaron, uno como traductor y el otro como revisor.
Valera fue, ante todo, un pensador y un escritor, que dedicó buena parte de su vida al estudio.
Estudió en la universidad hispalense, obteniendo el grado de bachiller. Tras los estudios universitarios, se trasladó al cercano monasterio de San Isidro del Campo, en Santiponce, construido sobre las ruinas de Itálica. Durante su estancia en el monasterio tuvo lugar ciertos acontecimientos que marcaron para siempre su vida. A mediados del siglo XVI, Sevilla se había convertido en un importante centro de comercio y en una floreciente ciudad cultural donde las ideas reformadas habían penetrado con facilidad. Estas ideas se filtraron en el monasterio de San Isidro del Campo calando en la vida de los monjes que allí vivían.
La Biblia del Cantaro
De Desconocido - Biblioteca Nacional de España
Cipriano de Valera (1531/2 - 1602)
De Sociedad Bíblica de España - Sociedad Bíblica de España,
Valera buscó refugio en Ginebra, lugar donde conoció a Juan Calvino, de quien fue discípulo y también traductor al castellano de algunas de sus obras. Fue el responsable de la primera traducción castellana de la Institución de la Religión Cristiana (1597). Sin embargo, su trabajo más relevante ha de ser la revisión de la traducción bíblica castellana hecha por Casiodoro de Reina.
culminó con su publicación en 1602 en Ámsterdam. Es evidente que Valera no pretendía hacer una nueva traducción de la Biblia, ya que consideraba que la traducción de Reina era excelente, tanto en la fidelidad a los idiomas originales en que la Biblia fue escrita, como en la belleza literaria de la lengua castellana.
El siglo XVI representa un siglo áureo en lo que concierne a la traducción de la Biblia (total o parcialmente) al idioma español. Nace la primera traducción impresa de la Biblia completa al español, traducida desde sus lenguas originales. Muchas de las obras de los reformistas españoles fueron publicadas fuera de España.
El siglo XVI es el siglo en que trabajaron Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera su traducción de la Biblia. No cabe duda que ambos se dedicaron a su tarea de traducción y revisión porque tenían la convicción, propia de la Reforma Protestante, de que la Biblia debía ser accesible al pueblo en su propia lengua. El fruto de la labor de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera es la extraordinaria versión que hoy poseemos. Por su excelencia, sobrepuja todas las demás versiones castellanas de las Sagradas Escrituras. En América Latina, somos deudores de esta maravillosa y apreciada versión de la Biblia. Esta Biblia, revisada muchas veces, será conocida en años posteriores, sobre todo a partir de mediados del siglo XIX, como la Biblia Reina – Valera.
Todos los reformadores españoles más renombrados (Juan de Valdés, Juan Pérez de Pineda, Francisco de Enzinas, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, entre otros) fueron traductores de una parte o de toda la Biblia. Quizás estos líderes no pudieron desarrollar Iglesias que llevaran sus nombres (como ocurrió en Alemania o en Ginebra) ni produjeron una corriente teológica que afectara en algún sentido la comprensión de la doctrina cristiana. Sin embargo, todos sus esfuerzos se vieron reflejados en una valiosa contribución: la traducción de la Biblia en castellano. La inquisición tuvo éxito en apagar sus vidas, pero resultó totalmente impotente en extinguir la luz de la Palabra de Dios puesta en el lenguaje del pueblo (DEIROS, 2008, p. 47).
En América Latina la Biblia Reina – Valera llegó a constituirse en el instrumento más contundente de la evangelización en los siglos XIX y XX desde las perspectivas de las Iglesias Protestantes, Evangélicas y Pentecostales. Actualmente, la Reina – Valera sigue siendo la versión más leída en el mundo de habla hispana.