Cuando se habla de la Reforma en Suiza hay que partir del hecho que esta fue iniciada por un personaje perteneciente a la misma generación de Lutero, y por consiguiente, a la primera generación de la Reforma. Ese personaje se llamó Ulrico Zwinglio, quien es considerado «el fundador del protestantismo en Suiza» (MORENO, 2006, p. 92). Debido a la contemporaneidad existente entre Zwinglio y Lutero, la vida y obra del reformador suizo merece ser analizada en contraste con la del reformador alemán.
Ulrico Zwinglio (1484 - 1531)A grandes rasgos se puede decir que Ulrico Zwinglio nació en 1484 en una pequeña aldea (Wildhaus) ubicada al noreste de Suiza siendo, a diferencia del reformador Alemán, de una familia acomodada.
Sus estudios universitarios los realizó en Viena y en Basilea, lugares donde se compenetró profundamente con el humanismo. 3Por su formación y convicciones humanistas se entiende luego cómo Zwinglio asumió una postura más racionalista que Lutero.
También se sabe que llegó a ser sacerdote en la ciudad de Zúrich, lugar donde gozó de una gran autoridad. Sin embargo, al lado de sus ocupaciones pastorales, Zwinglio nunca llegó a olvidar su formación humanista. Este último dato resulta importante tenerlo presente, pues lo que condujo a que Zwinglio asumiera las ideas reformadoras fue algo totalmente diferente a aquello que había motivado a Lutero: El estudio de las Escrituras utilizando los métodos humanistas.
Zwinglio, con el apoyo del Consejo, llevó a cabo su propia reforma en Zúrich, la cual consistió en una restauración de las creencias y prácticas bíblicas. Además, como resultado de su obra, se dieron rápidos cambios en el cantón Suizo, los cuales no se limitaron a una reforma eclesial, sino que incidieron también para una reforma social y política. Al menos, así nos lo hace saber Justo González cuando declara que, en Ulrico Zwinglio «…los principios reformadores, el sentimiento patriótico y el humanismo se conjugaron en un programa de reforma religiosa, intelectual y política» (GONZÁLEZ, 2003, p. 69). No obstante, por todas estas consideraciones su vida se vio también envuelta en asuntos políticos y militares, siendo capellán militar y acompañando en combate a las tropas de Zúrich. Zwinglio finalmente murió en las batallas de Kappel (1531), libradas entre los cantones católicos y aquellos cantones partidarios de su reforma.
En cuanto a sus enseñanzas, se puede decir que la teología del reformador suizo se caracterizó por tener ciertas coincidencias y divergencias respecto a la formulada por el reformador alemán.
A pesar que tanto Lutero como Zwinglio coincidieron sobre la necesidad de asumir cambios en la Iglesia, ya que el cristianismo de entonces se había alejado significativamente de lo que fue en tiempos del Nuevo Testamento, las propuestas de ambos se distinguieron notablemente a la hora de precisar que tipos de cambios requerían ser implementados. Por ende, mientras que la propuesta de Lutero estuvo encaminada a depurar el cristianismo de todo aquello que contradijera las Escrituras, la propuesta de Zwinglio le apuntaba más a que la Iglesia debía limitarse a creer y practicar aquello que se encontrara de manera explícita en el Texto Sagrado.
Además, los dos reformadores diferían en el modo de entender los Sacramentos, particularmente la Cena del Señor, ya que para Zwinglio los elementos materiales de la Cena representaban símbolos memoriales de una realidad espiritual. Por ende, en este aspecto y a diferencia de Lutero, Zwinglio no ve en la Cena del Señor más que una presencia simbólica de Cristo.
Sin embargo, y para curiosidad de muchos, Zwinglio, al igual que Lutero, también promovió sus propuestas teológicas mediante la presentación de unas Tesis o Declaraciones (67) la cuales, como dice Pablo Moreno, «… encuentran un paralelo con las 95 Tesis de Lutero, porque fueron documentos breves, concisos y declarativos de su pensamiento teológico en un momento determinado del peregrinaje emprendido por la Reforma de la Iglesia» (MORENO, Óp. Cit., p. 97).
Zwinglio tuvo un acercamiento distinto a las Escrituras a como lo hizo Lutero, ya que el reformador alemán aspiró encontrar en ella la respuesta a la preocupación personal de la salvación; el reformador suizo, en cambio, aspiraba encontrar en la Biblia la verdad revelada en su forma más precisa.4
Este contraste se entiende que la manera en que Zwinglio se acercó a las Escrituras fue particularmente a la de un humanista cristiano, ya que su acercamiento al texto bíblico forma parte de ese «volver a las fuentes» que caracterizó al movimiento humanista.5Por esa razón, Zwinglio creía que el mejor modo para redescubrir la verdadera naturaleza del cristianismo era descubrir nuevamente el mensaje de las Escrituras y aplicarlo luego a la fe cristiana.
Dentro de este nuevo e importante caso en el estudio de la Reforma, conviene dejar claro que así como resultó indispensable destacar a Wittenberg en la obra de Lutero y a Zúrich en la labor de Zwinglio merece ser considerado Ginebra como un tercer centro estratégico de los esfuerzos reformadores del siglo XVI, ya que fue el lugar que en últimas asumió los residuos de los movimientos Suizos de la Reforma.
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Templo de la Madeleine en Ginebra, Suiza.
Sin embargo, también conviene aclarar que antes de la llegada de Calvino a Ginebra ya había allí triunfado la Reforma Protestante y que, del mismo modo que ocurrió en otros casos en Suiza, su introducción en la ciudad estuvo bajo el signo de la lucha por la libertad y exaltación patriótica contra la dominación extranjera. Por ende, al estudiar la vida y obra de este renombrado reformador se debe precisar cuál fue la labor que allí desempeñó, no sin antes destacar de manera previa tres aspectos fundamentales:
En primer lugar, que con Juan Calvino nos adentramos a una «segunda generación de la Reforma», es decir, aquella que no la creó, pero sí la consolidó. En ese sentido, cabe recordar que tanto Lutero como Zwinglio pertenecen a la categoría de los reformadores de «primera generación».
En segundo lugar, que este no fue un clérigo como la mayor parte de los primeros reformadores, sino un laico de sólida formación humanística y sin estudios teológicos formales.
Y en tercer lugar, que el más importante de los reformadores en Suiza no fue Zwinglio sino un francés refugiado en Ginebra: Juan Calvino.
Juan Calvino nació en Noyon, Francia, en 1509. Por deseo de su padre, estudió Derecho en la afamada universidad de Orleáns, obteniendo la licenciatura en 1532. Y a la muerte de su padre, se marchó a París, donde cultivó sus estudios humanísticos. Sin embargo, no cursó en ninguna facultad de Teología.6
La súbita conversión de Calvino a la Reforma Protestante no puede precisarse con exactitud. Sin embargo, lo que sí puede conocerse es que no brotó, como ocurrió en Lutero, de la angustiosa lucha personal por la salvación eterna, ya que para Calvino estuvo en primer término la preocupación por la reforma de la Iglesia.
Juan Calvino (1509 - 1564)
De Calvino también se puede decir que llevó una vida errante. Tuvo que huir de Francia (1534) cuando el rey Francisco I alentó las persecuciones contra la herejía, refugiándose en Basilea, lugar acogedor y fervientemente humanista. Fue allí donde publicó la obra de mayor influencia en la segunda generación de la Reforma, Institución de la Religión Cristiana (1536), obra que fue perfeccionando y ampliando durante toda su vida hasta llegar al voluminoso tratado últimamente impreso en 1559.
Pensaba establecerse en Estrasburgo para dedicarse allí a la labor intelectual, ya que se veía a sí mismo como un erudito dedicado al estudio y la escritura, pero sus planes cambiaron cuando, camino de Basilea hacia Estrasburgo, tuvo que tomar (por la guerra entre Francia y España) una ruta menos directa a través de Ginebra, en donde pensaba pasar no más de un día para luego seguir su camino. Sin embargo, allí se encontró con un paisano suyo, Guillermo Farel, quien fue el encargado de presentarle las razones por las cuales debía quedarse en Ginebra. Este hecho marcó el comienzo de la carrera de Juan Calvino como reformador en Ginebra. Y aunque al principio Calvino accedió sencillamente a permanecer en la ciudad y colaborar con Farel, pronto su habilidad teológica, su conocimiento de la jurisprudencia y su celo reformador hicieron que se constituyera en el personaje central en la vida religiosa de la ciudad. Allí su influencia fue notable. Calvino no llegó a Suiza sino con posterioridad a la muerte de Zwinglio, y se quedó allí (salvo un breve periodo de tiempo) hasta el final de su vida.
Si se quiere establecer una comparación entre Calvino y Lutero habría que decir que tuvieron muchas cosas en común, aunque al mismo tiempo las enseñanzas de Calvino se distinguieron significativamente de las planteadas por el reformador alemán, al menos en dos aspectos: Primero, en el fuerte énfasis que puso sobre la Iglesia y segundo, en el concepto que tuvo de los Sacramentos, en especial, la Cena del Señor.
Con relación a este último aspecto, se puede decir que Calvino también reconoció dos Sacramentos: el Bautismo y la Cena del Señor. Respecto al bautismo, Calvino conservó la postura del bautismo infantil, considerándola como un sello de la gracia (Lutero) y como una señal de la misma (Zwinglio), que debía conferirse solo a los hijos de padres cristianos. Sin embargo, en cuanto a la Cena del Señor, negó la posibilidad de que el cuerpo y la sangre de Cristo estuviesen realmente presentes en los elementos del pan y el vino, afirmando más bien que el comulgante participa en la Cena del Cristo glorificado de un modo espiritual cuando lo hace con fe (presencia mística).7
Sus enseñanzas principales están en la Institución de la Religión Cristiana. En toda esta obra Calvino manifiesta un conocimiento profundo, no solo de las Escrituras, sino de los antiguos escritores cristianos, particularmente San Agustín, y de las controversias teológicas del siglo XVI. Sin lugar a dudas, esta fue la obra cumbre de la teología sistemática protestante en todo ese siglo.
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Esculturas de las cuatro grandes figuras del movimiento protestante de Ginebra: Guillaume Farel, Jean Calvino, Teodoro de Beze, John Knox
Y si se quiere resaltar aún más las cualidades de su persona, habría que decir que Calvino fue el pensador que forjó las diversas doctrinas protestantes en un todo coherente, llegando a ser considerado como el más importante sistematizador de la teología protestante en el siglo XVI. Al respecto, dentro de las diferencias existentes entre Lutero y Calvino está precisamente que el segundo fue más cuidadoso y sistemático que el primero.8
Juan Calvino es considerado, en palabras de Alberto Roldán, como «el teólogo de la Reforma que hizo los mayores aportes al tema de la autoridad de las Escrituras» (ROLDÁN, 2004, p. 84). Dicho énfasis en la autoridad de la Escritura implicaba en su momento que tanto las instituciones eclesiásticas como sus jerarquías no tenían ninguna autoridad por sí misma sino aquella que estaba sustentada solamente en el texto bíblico. Ahora bien, esto no quiere decir que en Calvino existió un desprecio hacia la tradición, la enseñanza de los padres y/o los concilios sino que estos quedan subordinados a su conformidad con las Escrituras.
El fundamento de la autoridad de la Biblia procede del hecho mismo de que fue compuesta bajo la dirección del Espíritu Santo. Es una autoridad absoluta en cuanto a la verdad se refiere, aunque solamente llega a ser reconocida por aquellos que reciben del Espíritu divino el testimonio de que la Biblia efectivamente sí contiene tal autoridad (TILLICH, 1976, p. 287). Calvino estaba convencido que el encuentro con el texto bíblico era lo único necesario para el conocimiento de Dios.
Por todas estas consideraciones Calvino, al igual que Lutero, es considerado también como un «reformador bíblico», ya que procuró encontrar un sistema de doctrina cristiana sacado directamente de las Escrituras.
La influencia ejercida por la vida y obra del reformador de Ginebra en el mundo occidental es enorme. Calvino llegó a ser el hombre que proyectó la fe reformada, no sólo en toda Suiza sino por toda Europa y el mundo con el correr del tiempo. Organizando la iglesia de Ginebra, Calvino ofreció un modelo que se extendió ampliamente por Europa y por el mundo. Hizo de Ginebra el centro de un movimiento de alcance mundial.9
Su teología llegó a ser la base de la doctrina de las Iglesias reformadas en Suiza, Francia, los Países Bajos, Inglaterra y Estados Unidos, y a través de las misiones foráneas, llegó a todo el mundo. Calvino fue el único reformador verdaderamente internacional.