A principios del siglo XVI la Europa occidental aún se encontraba regida por un modelo de Cristiandad típico de la época medieval, el cual había existido por casi mil años. Sin embargo, este modelo de organización social y religiosa se encontraba en un momento crítico en su historia, producto de la decadencia y el desgaste en el que había incurrido desde su implantación. Los abusos en las prácticas y posesiones de la Iglesia tenían escandalizados a muchas personas y esta se hacía susceptible a un sin número de críticas.
John Wycliffe (1320 - 1384)
Considerado como la «Estrella matutina de la Reforma» Contribuyó a la traducción de la Biblia al inglés.Por lo tanto, desde antes de la Reforma habían ya personas y grupos que contemplaban diferentes caminos para llevar a cabo la tan ansiada y necesaria renovación de la Iglesia. Tal es el caso de todos aquellos movimientos reformistas que la precedieron, entre los que se destacaron los inspirados por personajes como John Wycliffe y John Huss, quienes son recordados en la historia cristiana por la profunda huella que dejaron.
En ese orden de ideas, resulta claro que Martín Lutero no fue el primero ni el único preocupado en reformar la Iglesia, ya que la historia cristiana testifica cómo ciertos personajes surgieron antes de él, preparando el camino para lo que habría de ser la Reforma del siglo XVI. Por ende, a la hora de hablar sobre la Reforma se debe tener en cuenta que existe una cierta continuidad con una serie de esfuerzos de renovación espiritual e institucional de la Iglesia medieval (MORENO, 2006, p. 35), ya que «el protagonismo de hombres como Lutero, Zwinglio y Calvino sólo puede explicarse adecuadamente si se toma en cuenta que el siglo XVI fue la culminación de intentos de reformas que venían de varios siglos atrás» (Ibíd., p. 21).
Por otro lado, la situación política a comienzos del siglo XVI también refleja una serie de cambios considerables que le permitieron a la Reforma tomar ventaja y desarrollarse:
A principios del siglo XVI la Europa occidental ya no se veía a sí misma como un solo Imperio, con un Emperador a cargo del poder temporal y un Papa ostentando el poder espiritual. Más bien, un grupo de territorios empezó a reclamar para sí el derecho de ser Estados soberanos. Es el tiempo donde varios lugares de Europa comenzaron a configurarse como los nuevos Estados modernos mediante el auge del sentimiento nacionalista entre los gobernantes locales, quienes buscaban desvincularse de toda sumisión a un poder extranjero, fuera este el Emperador o el Papa.
En los ámbitos locales, las iglesias también llegaron a sentirse contagiadas por ese sentimiento nacionalista, ya que en lugares como Inglaterra, Francia y Alemania se adoptaron disposiciones tendientes a prohibir la designación de cargos eclesiásticos por parte del Papa. Luego, el nacionalismo moderno llegó a convertirse en un factor importante no sólo en la disolución de la organización política medieval, sino por el hecho de abrir el camino para la ruptura religiosa que se tendría lugar luego con la Reforma Protestante. Por esa razón Justo González se atreve a considerar que el fenómeno político más importante de comienzos del siglo XVI fue el nacimiento de las naciones modernas (GONZÁLEZ, 1993, p. 10-12).1
Culturalmente hablando, es bien sabido por la historia que el tránsito del Medioevo a la Modernidad estuvo dominado, sobre todo, por dos grandes fenómenos culturales que marcaron decisivamente el espíritu de la época: el Renacimiento y el Humanismo (ORLANDIS, 1999, p. 115). Estos dos grandes e interdependientes fenómenos enriquecieron significativamente a la Reforma del siglo XVI.
Comúnmente las personas suelen asociar al Renacimiento únicamente con aquellas expresiones artísticas y literarias de la época. Sin embargo, tales expresiones culturales no deben ser desvinculadas de los otros aspectos de la vida, más bien deben ser consideradas como el resultado de las transformaciones políticas, económicas y sociales que venían ocurriendo en ese momento (DELGADO, 2005, p. 43). Por esa razón, en palabras de Pablo Moreno, el Renacimiento se ha de definir como «… un movimiento multifacético que en sus inicios afloró como un movimiento literario bajo la orientación de los clásicos griegos y latinos…» (MORENO, Óp. Cit., p. 29). Al respecto, el término Renacimiento viene a designar aquel movimiento propio de la época interesado en que «vuelvan a nacer» los valores culturales de la Antigüedad Clásica de Grecia y Roma en la sociedad europea. Para ello, consideran indispensable acudir directamente a las fuentes literarias de esa antigüedad clásica para así poder rescatar su sabiduría tal cual están plasmadas y no como llegaron a ser reinterpretadas religiosamente por la Iglesia.
Ambos fenómenos, inspirándose en esa Antigüedad Clásica, produjeron una profunda renovación cultural que trajo consigo un cambio de mentalidad: Del énfasis que en el tiempo medieval se tenía por el mundo espiritual y las doctrinas religiosas, se pasó al interés por los seres humanos y lo que éstos pueden hacer en el mundo terrenal. Por ende, los intelectuales y artistas renacentistas consideraron a los seres humanos a partir de su ambiente físico, exaltaron tanto la belleza de la figura humana como la capacidad intelectual para descubrir las verdades del mundo real (DELGADO, Óp. Cit., p. 43). Esto ya había ocurrido otras veces en la historia, especialmente en los tiempos de la filosofía griega y romana clásica. Por esa razón la búsqueda por recuperar estos valores de la cultura griega y romana recibe el nombre de Renacimiento.
Ahora bien, el florecimiento de esta nueva manera de pensar, característica del Renacimiento y el Humanismo, extendió poco a poco su influencia hacia el terreno religioso. Se comenzó a examinar críticamente los fundamentos de ciertas doctrinas y prácticas religiosas sostenidas por la Iglesia de Roma. Los intelectuales en las universidades, que usaban los métodos del Renacimiento (acudir a las fuentes en búsqueda de una verdad más precisa), estudiaban las lenguas clásicas y los documentos antiguos y aplicaban sus hallazgos al estudio de la Biblia, descubriendo con ello que no todo lo que enseñaba y practicaba la Iglesia estaba ajustado al Texto Sagrado. En ese sentido, varios fueron los humanistas que criticaron los abusos de la Iglesia y reclamaron cambios sustanciales en ella, especialmente en el clero. Por ende, el humanismo hizo posible a la Reforma proporcionándole las condiciones necesarias (como el conocimiento de las lenguas bíblicas, el acudir a las fuentes, el ataque de los abusos eclesiásticos, etc.) y ofreciéndole un grupo de humanistas intelectuales.
(VILANOVA, 1989, p. 144)2
Cuatro filósofos humanistas pensionados por los Médicis: Marsilio Ficino, Cristóforo Landino, Angelo Poliziano y Demetrio Calcocondilas (fresco de Doménico Ghirlandaio).
En un modo más específico, este Renacimiento llegó a tener dos manifestaciones geográficas que son claramente diferenciables: Por un lado, estuvo la expresión italiana, enfocada sobre todo en el arte y la literatura, mientras que en Alemania, los brotes de Renacimiento adquirieron una visión humanística más dirigida hacia la vida religiosa (MORENO, 2006, p. 31). Tal apreciación coincide también con lo dicho por Fulbrook, para quien el humanismo germánico presentó una orientación anti–clerical y anti–papal, y con sus estudios aspiró a situar la Biblia en un contexto histórico (FULBROOK, 1995, p. 39).
Un representante clásico del humanismo renacentista fue el renombrado holandés Desiderio Erasmo de Rótterdam, para quien la renovación del cristianismo debía venir de las antiguas fuentes de la fe.
Erasmo de Rotterdam (1467 - 1536)
Fue la figura más notable del movimiento humanista cristiano del siglo XVIEn ese contexto del siglo XVI, el humanismo reconoce en Erasmo de Rótterdam la figura dominante gracias a sus diversos escritos, entre los que se destaca su Nuevo Testamento (VILANOVA, Óp. Cit., p. 135). Los reformadores usaron la versión crítica del Nuevo Testamento de Erasmo.
Como un último aporte también se deben destacar los grandes inventos que se hicieron en los tiempos inmediatamente anteriores a la Reforma. En Europa Johannes Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles (ca.1450), lo cual facilitó la difusión de las ideas como nunca antes se había conocido. Tal invención provocó una gran revolución cultural, ya que «alteró de forma radical el carácter de la vida intelectual» (FULBROOK, Óp.Cit., p. 45).
Sin el aporte de la imprenta las ideas y materiales de los reformadores no hubieran circulado de la manera como ocurrió. Por esa razón se suele decir que este invento contribuyó decisivamente al triunfo de la Reforma, a su propagación y a su posterior desarrollo.
Con la invención de la imprenta, la Biblia comenzó a ser traducida, publicada y distribuida en números astronómicos comparados con los quince siglos precedentes. Muy apropiadamente, la primera impresión importante de Gutenberg fue la Vulgata Latina de Jerónimo y fue publicada en Maguncia entre 1450 y 1456.
Finalmente, luego de analizar todo este trasfondo resulta más comprensible cómo todas estas circunstancias alteraron por completo el modo de vida de Europa del siglo XVI, preparando también el camino para el surgimiento y desarrollo de la Reforma. No obstante, es importante enfatizar cómo la Reforma del siglo XVI se expresó de manera diversa a medida que fue difundiéndose en Europa a través de sus diferentes actores, razón por la cual muchos estudiosos prefieren hablar de reformas a la hora de referirse integralmente a este fenómeno. Por lo tanto, dentro del propósito de nuestro estudió está el considerar los diferentes movimientos que hacen parte de la Reforma, tal como se fueron desarrollando en cada una de las nuevas nacionalidades europeas a lo largo del siglo XVI.